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No escupas veneno a tu equipo de Trabajo

16 May

Imagen: MorgueFile

Imagen: MorgueFile

En las diferentes facetas de la vida de una persona, se establecen relaciones socio-afectivas que pueden determinar los comportamientos y las pautas de actuación en los diferentes ámbitos en el que nos movemos y nos relacionemos.

El trabajar en equipo, implica también que esas experiencias socio-afectivas estén presentes pero delimitadas por el entorno laboral, y por tanto, estaríamos hablando más concretamente de relaciones laborales en primer plano y de relaciones sociales en un segundo plano. Sin embargo, una de las características que nos definen al grupo de los Homínidos, es nuestra capacidad gregaria y la necesidad de pertenencia al grupo.

Con esta base, pero algo más refinada en cuanto a su organigrama, es donde se basan (y tienen sentido), el establecer grupos o equipos de trabajo; ya que de la relación de los diferentes miembros que lo componen, depende la consecución de los objetivos marcados. Así como del papel que cada uno de sus miembros desempeñan dentro del grupo (su rol).

Y sin embargo, lo más importante es que sepamos si somos o estamos en un equipo donde hay un jefe o un líder; porque ello determinará el modo de relacionarse el equipo de trabajo.

Jefe o Líder, ¿Existen diferencias?

En realidad todo equipo o grupo de trabajo tiene, al menos, una cabeza visible que asume la responsabilidad de los actos de todo el grupo al que representa.

El Jefe:

Es ese ser “Omnipotente”, es como una especie de “Dios”, que ejerce el mando del grupo porque su posición le autoriza a mandar y el grupo le tiene que obedecer.

Otra característica es que tiene la capacidad de empujar al grupo hacia una dirección concreta (la que más se adapta a él), a través del miedo que impone su estatus y hace del trabajo del grupo una carga que hay que soportar y saber sobrellevar.

Además, señala y sacrifica a los miembros del equipo que se equivocan o son poco propensos a ser utilizados como objetos eficientes a sus intereses; por lo tanto, tiene reclutas en su equipo de trabajo que le sirven fielmente.

Su palabra favorita: “YO”.

El éxito: es exclusivamente suyo porque sabe como mandar y hacer que todo el grupo esté afanado en las tareas que les ha encomendado.

Los errores: son de quienes los comenten porque no han acatado correctamente sus ordenes (tal y como hemos mencionado en el párrafo anterior).

El Líder:

Es el que va al frente del equipo de trabajo en todo momento y su actitud es la de estar al servicio de su equipo de trabajo; prestando su apoyo y aliento a quien se lo requiere o necesita.

Comparte sus habilidades en la enseñanza de las tareas y se detiene en conocer a los miembros de su equipo, haciendo que estos consideren el trabajo en el equipo un privilegio. Delega funciones y responsabilidades, así como permite que los miembros del equipo puedan mostrar sus opiniones libremente y que éstas sean tenidas en cuenta. Y con ello se gana el respeto y la confianza del grupo.

Su palabra favorita: “Nosotros”

El éxito: recae en el equipo de trabajo y reconoce públicamente la labor y la valía de cada uno de sus miembros.

Los errores: son asumidos por el líder ya que es el máximo responsable de las acciones llevadas a cabo que no han resultado ser las adecuadas para la consecución de los objetivos marcados. No busca culpables para exponerlos a escarnio público, pero si analiza la situación con los miembros del equipo para corregir las deficiencias enseñando y argumentando.

Lobo con piel de Cordero

Como se puede ver, es simple saber si somos jefes o lideres; sin embargo, cuando nos empeñamos en mostrar cosas que no son, no sólo estaremos faltándole el respeto a quienes trabajan con nosotros sino que además, sembraremos la desconfianza en quienes trabajan con nosotros a diario.

Resulta mucho más eficiente ser auténticos en todo momento (con todo lo que ello significa), y permitir que las personas que se relacionan con nosotros laboralmente, puedan tener la opción a escoger si quieren (o pueden) trabajar con un Jefe o con un Líder.

Bajo ningún concepto, deberos hacer creer a nuestro equipo de trabajo que están con un líder cuando en realidad están con un jefe (o viceversa). A los equipos de trabajo, tanto si somos jefes como si somos líderes, hemos de tratarlos con honestidad, ya que de no ser así, de nada servirá que tratemos de tener la autoridad que el cargo exige, puesto que el respeto y la confianza la tendremos perdidas de antemano. Y ningún equipo de trabajo perdona este tipo de errores.

A nuestro equipo de trabajo podemos pedirle, exigirle, exprimirles todo el talento, jalearlos, animarlos, motivarlos, coordinarlos, echarles la bronca cuando realmente se lo merezcan, felicitarlos, etc., pero nunca, nunca, debemos escupirles nuestro veneno. Con esto sólo conseguiremos quedarnos solos ante el grupo. Y cuando un grupo decide que uno de sus miembros representa un riesgo real para la supervivencia del propio grupo, sencillamente, lo excluye para siempre.

Y a ti, ¿te han escupido veneno alguna vez?

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